Las mujeres rurales: las invisibles que sostienen el campo mexicano

En el corazón del campo mexicano, millones de mujeres trabajan día y noche para alimentar al país. Sin embargo, su esfuerzo sigue siendo ignorado, subvalorado y, en muchos casos, explotado. A pesar de que realizan el 60% del trabajo agrícola , solo el 25% son dueñas de las tierras que cultivan , evidenciando una profunda brecha de género que pone en riesgo no solo sus derechos, sino también el futuro de la agricultura nacional.

El peso de la doble jornada

Para muchas mujeres rurales, el día no termina cuando concluyen las labores en el campo. Al regresar a casa, enfrentan una segunda jornada laboral: cuidar a sus familias, cocinar, limpiar y gestionar los quehaceres domésticos. “Es un trabajo invisible, pero esencial”, señala Ana Ramírez, líder de una organización campesina en Oaxaca. “Nadie reconoce ni valora lo que hacemos, pero sin nosotras, el campo no funcionaría”.

Esta doble carga no solo afecta su bienestar físico y emocional, sino que también limita sus oportunidades de desarrollo personal y profesional. Además, carecen de acceso a servicios básicos como guarderías o apoyo comunitario que les permita equilibrar estas responsabilidades.

Falta de acceso a tierras y créditos

Otro de los grandes desafíos que enfrentan las mujeres rurales es la inequidad en el acceso a la propiedad de la tierra. En México, solo el 25% de las mujeres poseen tierras , lo que las excluye de beneficios como subsidios gubernamentales, programas de apoyo técnico y créditos agrícolas.

“Cuando una mujer no tiene tierra a su nombre, es como si no existiera para el sistema”, explica Laura Gutiérrez, especialista en equidad de género en el sector rural. “Esto limita su capacidad para tomar decisiones, invertir en sus cultivos o acceder a financiamiento para emprendimientos”.

Además, los créditos específicos para proyectos liderados por mujeres son escasos y, cuando existen, suelen estar plagados de requisitos burocráticos que dificultan su acceso. Esto perpetúa un círculo vicioso de desigualdad económica y social.

Un llamado a la acción

Organizaciones civiles y activistas están exigiendo políticas públicas que aborden esta brecha de género. Entre las propuestas destacan la creación de programas de titulación de tierras que prioricen a las mujeres, la implementación de créditos accesibles para emprendimientos femeninos y campañas de sensibilización para visibilizar el trabajo de las mujeres rurales.

“Es hora de reconocer que las mujeres son el motor del campo mexicano”, afirma Ramírez. “Si queremos un sector agrícola más justo y sostenible, debemos empoderarlas y garantizarles los mismos derechos que tienen los hombres”.

¿Qué podemos hacer como sociedad?

La lucha por la igualdad de género en el campo no es solo responsabilidad de las mujeres, sino de todos. Apoyar productos locales liderados por mujeres, exigir políticas públicas inclusivas y difundir sus historias son pasos clave para generar un cambio real.

Bajo el hashtag #PorNuestroCampo , se busca visibilizar estas problemáticas y construir una red de apoyo que impulse la transformación del sector rural.

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